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Pastor de Fuego (solo no se puede)

En medio de las montañas, justo donde termina una y empieza la otra, él se encontraba. Lejos, en el horizonte, un volcán dormido planeaba despertar. Alto, muy alto, un águila color dorado proyectaba su sombra sobre el caminante. El hombre era fuerte, pero no físicamente, sino en voluntad. Su corazón latía fuerte y constante, porque perseguía un nuevo objetivo que mucho mas lo llenaba. En aquel volcán, algo bello lo esperaba. Mucho tiempo tardo en darse cuenta, pero tras sus pasos una bestia se escondía. Se comía sus sueños y bebía su transpiración. Consumía sus energías y le susurraba cosas para hacerlo volver. Entonces el hombre giró. La bestia, oscura, alta y fornida, lo miró sorprendido. No se esperaba el enfrentamiento. El águila se posó cerca, sobre una roca, a observar el combate. -Quiero llegar sin su peso sobre mis hombros –dijo el hombre mientras se sacaba los guantes. -No tienes la fuerza para llegar –contestó la bestia sin mover los labios-. Tu cuerpo es débil y t...

aprehender de los errores...

¿Aprender o aprehender? Es difícil. Con el tiempo aprehendí que cuando es en grupo, se hace mas fácil. Pero si el grupo es muy numeroso, baja la eficiencia. Y si hay alguien con el poder de representar ese grupo, sobre éste individuo cae la máxima responsabilidad. Entonces, ¿ese individuo aprehende de los errores de la masa? Líder, presidente, director.... cargos políticos... ¡que difícil es estar en eso lugares! Sin embargo uno elije estar en esos lugares. Si no se quiere llegar, no se llega y listo. Ahora bien, si se llega la responsabilidad de aprehender es mas que importante, es primordial. Por lo visto, cuantos mas se representa, mas fácil es equivocarse... mas fácil es quedar ciego... sordo... cumplir caprichos... El que tiene poder se olvida fácil de aprehender. Mi conclusión: si tenes poder, solo confiaré en vos cuando me demuestres que tenés la capacidad de aprehender y no repetir el error de hace dos décadas.

DOS

Llovía mucho aquella noche. Caminaba tranquilo, el joven de ojos pardos. Estaba empapado, con frío, con ganas de terminar la jornada. Entonces el cielo comenzó a quejarse, luces, ruido, por doquier. Se apuró con el miedo que la tormenta empeorara. No llegó a dar el tercer paso, que se tuvo que quedar quieto. Fueron dos, dos rayos. Uno tras el otro, sin pausas, sin previo aviso. Lo dejaron sin sentidos. Sus ojos solo veían blanco, sus oídos perpetuaban un silbido agudo, y tenía la impresión de ya no sentir el frío de la lluvia. Cuando recuperó la vista, se dio cuenta del milagro que se había formado frente a él. Cuando recuperó el oído, se dio cuenta que no lloraba. Cuando recuperó el tacto, el frío y la humedad ya no importaban. Frente a él estaba todo lo que quería.

Colores en el cielo

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Salí de casa con miedo, mucho miedo. Estaba viajando con seres desconocidos, no sabía que sentimientos albergaban sus corazones. Allí me aventuré y encontré el mar. Con ellos entré en los dominios de Poseidón y cabalgué en las olas. Pero ese no era nuestro destino, sino en el otro extremo del mapa. Fue un camino largo, agotador. Llegamos a la locura cuando la noche nos alcanzó. Yo estaba en lo cierto, eramos totalmente distintos. Cuando llegamos a destino, me encontré rodeado de paredes, con el cielo descubierto. Volví a tener miedo. Qué me esperaba, quién me esperaba allí. ¿Cual era mi función? 17 almas juntas, y se hizo luz. nació del medio de la tierra, y la generamos nosotros mismo. Era intermitente, y al final solo se apagó porque nos llamaron para que regresemos. Antes de partir, me entregaron dos regalos llenos de magia. Cuando nos estábamos alejando pude verlo. La luz que nosotros habíamos prendido había dejado marcas, colores en el cielo. Habíamos dejado mucho mas que ...

Viajar a la Montaña

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En los límites de las tierras celestes y blancas, hay una pequeña porción de mundo fácil de amar. Hay que meterse entre las montañas y llegar hasta donde al sol le cuesta entrar.Allí las nubes salen de atrás de las pareces, acechantes a las almas que no le temen. Los vientos se arremolinan juguetones, sin darse cuenta de su fuerza; mientras la luna cuenta historias a las estrellas, que se juntan ansiosas por iluminar lo que el sol no puede. Los árboles son ancianos sabios, que saben de leyendas y verdades, saben de curar y sanar, saben que en  ellos viven las almas de los ancestros. Y el agua es caprichosa, pero generosa para todos. Y allí, en un costado, una columna gris sostiene el cielo. Desde una boca de calor, espíritus de fuego roncan amenazando despertar, iluminando una pequeñísima parte del cielo nocturno. Ese es mi paraíso, hoy.

Junto al Alma...

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Mira el mar en la distancia Siente el viento en la piel Observa el sol ocultándose Tras una nube llevando La luz que quedó en el alba Dejando el frio que trae la luna Y sal que golpea tus pies Borrando un nombre grabado A madera y pulmón El destino se lo llevó Los colores que tomó tu alma Un recuerdo frio una noche lejana Sonrisas amadas, carcajadas cercanas Y una fragancia a mar Deseos llevados, y otros condenados a quedarse y saltar. Conociendo futuros Que uno sabe que se harán realidad Y otros que simplemente… El reflejo de la luz en la oscuridad Un juego de azar, Un fantasma nos vio pasar Nos chistó y luego simplemente sonrió Él sabía, allá abajo a ninguno nos quería Él sabía que en el silencio Nosotros cantamos… Recuerdos grabados, vivos y soñados Con fragancia a mar Deseos cumplidos, amados, dormidos, Dentro de la botella Conociend...

Crecer

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Entonces se acercó el pequeño y le preguntó: -¿Cómo llego a ser como vos? -Vos nunca tenés que ser como yo –contestó Él, inclinando la cabeza para poder mirarlo a los ojos-. Vos tenés que ser más grande, más honesto, más humilde, más como él. Señalaba una foto enmarcada en madera y oro, alto sobre un estante. -¿Quién es? –preguntó el pequeño. -Él fue quien me creó-. Le explicó-. Yo era más grande que vos, pero menos fuerte y tan humilde. Él me estaba enseñando a volar en ese tiempo, y de un día a otro se tuvo que ir a cumplir una misión más allá de este mundo. -¿Allá donde querés llegar vos sin irte? -Él se fue más lejos aún. -Y todavía no volvió. -No, su misión es muy larga. Tanto que ni tus hijos lo verán volver. -Y los dejó solos –se entristeció el pequeño al pasar ese pensamiento por su cabeza. -No, nunca nos dejó. Y además me dejó algo preparado para cuidarlos a todos. -¿Qué te dejó? -Yo no llegué a ser el que soy hoy solo. Él es el máximo responsable de...